¿Sabías que…? Patitos de goma

En enero de 1992, el buque portacontenedores Ever Laurel, un buque de carga que había zarpado de Hong Kong rumbo a América se averió en medio del Océano Pacífico, donde se separan los hemisferios occidental y oriental.

Por culpa de los violentos balanceos del barco, 12  contenedores se desprendieron de sus amarras y cayeron al agua. Uno de ellos se abrió vertiendo su cargamento y llenó el mar de miles de juguetes producidos por la compañía china First years INC. ensuciando el océano con 29.000 patitos, tortugas, ranas y castores  de plástico para la bañera.

Esta flota de patos amarillos, castores rojos, ranas verdes y tortugas azules, se dispersaron , presas de las corrientes oceánicas, empezando  uno de los periplos más grandes del mundo,

“Friendly Floatees”: Mapa de la navegación de los patitos

El oceanógrafo Curtis Ebbesmeyer aprovecho este desastre para seguir la pista de

los movimientos de los patitos, reconstruyendo los trayectos de los patitos y así poder estudiar el giro oceánico del pacifico norte: una gran corriente constante y circular del Pacífico Norte, entre Japón, Alaska e Islas Aleutianas, descubriendo por primera vez que un objeto tarda tres años en completar el ciclo.

Gracias a él hoy se conocen mejor las corrientes oceánicas

Más de 20 años después los patitos de hule siguen apareciendo en las playas, entre conchas, basura y osamentas de animales marinos muertos. Muchos de ellos han cruzado el mundo, apilando experiencias inefables en su piel de goma: sus rostros tiernos y mortificados han surgido en los litorales de Alaska, Hawai, Sudamérica, Escocia e incluso en los desiertos de hielo del Ártico.

La historia de los patitos náufragos, la mayoría de ellos amarillos y con una serie de marcas que los hace reconocibles, inspiró al periodista Donovan Hohn a escribir el libro “Moby Duck “ recuento literario e investigación de campo de los múltiples destinos de estos juguetes de baño, que de paso reflexiona sobre la inmensa cantidad de basura que se deposita en el mar, y que, como muchos de los patitos, sigue flotando a la deriva.

Algunos siguen dando vueltas por el globo 27 años después demostrando que a pesar de sol, la sal y el agua , el plástico es un material que  tarda cientos de años en destruirse y que lo único que hace es acumularse.

Por mucho que estos patitos, en apariencia inofensivos y dulces, hayan ayudado a los científicos en su intento de dibujar los mapas de las corrientes marinas de esa región y los que llegaron a la costa ofrecieron invalorable información sobre la velocidad de estas corrientes, la mayoría terminó en esa gran mancha de basura plástica,  la llamada “Isla de plástico”, de una superficie dos veces superior a Hawai, que viaja por el Pacífico Norte.

isla de basura del pacífico Norte

En definitiva, que por mucho que este vertido de plástico accidental haya ayudado a la ciencia a determinar la circulación de las corrientes oceánicas, hemos de contar que cada año caen al mar entre 2.000 y 10.000 contenedores como el que transportaba los patos de goma. Los plásticos, por desgracia, se han convertido en una de la peores amenazas medioambientales del planeta, habida cuenta la imposibilidad material de los ecosistemas de poderlos degradar, por lo que haríamos bien en racionalizar su uso. Un uso que, por excesivo, los mantiene en nuestro medio ambiente, cual patitos de goma en el océano, flotando amenazadores por los siglos de los siglos.

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